Entradas

¿Incurable?

Hoy leí en un diario la historia de Carmela (https://www.clarin.com/sociedad/hija-comia-mundo-convirtio-abuela-90-anos_0_H1FzYdD0f.html ). La periodista cuenta cómo Carmela, a los 29 años, comenzó a padecer un cansancio extremo e incapacitante. Después de un año de transitar por diferentes consultorios, finalmente le dan un diagnóstico: Síndrome de fatiga crónica. El artículo mencionado se publicó con motivo del Día Internacional de la fatiga crónica, con la finalidad de dar a conocer la existencia de este síndrome, que no siempre es reconocido ni fácil de diagnosticar.
Lo que en realidad llamó más mi atención no fue tanto la historia, ni las características de esta dolencia, sino las tres palabras que figuran después del diagnóstico: "no tiene cura". Mi corazón y mi cerebro dieron un respingo. Hacía un tiempo había leído, por el contrario, que si se efectuaban cambios en determinadas actitudes y se suprimían ciertos alimentos, muchas veces se lograban revertir estos cuadro…

El agradecimiento a veces viene después

Hace unos días a una querida amiga le entró una rata en su casa. Si hay algo a lo que ella le tiene pánico es a las ratas. Por más que hiciera de todo para calmarse, no lo lograba y tuvo que huir de su casa. Pasó esa noche en lo de su madre con la idea de volver por la mañana para repeler a la invasora. Armada de coraje, al día siguiente, fue a su hogar para tomar algunas medidas pero la invasora no cedió, permaneció. Las medidas que tomó no fueron efectivas.
Así pasó toda la semana. De noche durmiendo en lo de su mamá y por las mañanas, antes de ir a trabajar, volviendo a su casa para tratar de desterrar al terrorífico animal. Tardó 6 días en liberarse de esa criatura. Mi amiga se sentía triplemente mal: por el terror primario que el roedor le provocaba, por sentirse débil para enfrentarlo (y tener que buscar ayuda para hacerlo) y porque, a pesar de su experiencia en meditación y sanación, nada de lo que hacía lograba serenarla: ni las meditaciones, ni los rezos ni todas las técni…

El obstáculo es el camino

Hoy leí un comentario en Facebook que decía: “Cuando los caminos se nos llenan de obstáculos, seguramente es porque hay obstáculos en nuestro interior: miedos, preocupaciones, resistencias. Yo los llamo debilitadores de energía. Son muy tóxicos y nos invaden cuerpo y mente”.
Pienso que estas aseveraciones pueden ser útiles para algunas personas, puesto que nos recuerdan que para transformar los obstáculos es necesario realizar un trabajo interior; pero en realidad, no concuerdo con esta perspectiva (que actualmente está difundida entre muchas personas que transitan caminos espirituales). 
Antes de proponer otra perspectiva, me gustaría decir cuáles son mis discrepancias con las afirmaciones de Facebook antes mencionadas. La primera afirmación dice: “Cuando los caminos se nos llenan de obstáculos, seguramente es porque hay obstáculos en nuestro interior: miedos, preocupaciones, resistencias”. Lo primero que me surge al respecto es una pregunta: ¿existe la posibilidad de que en nuestro i…

Sentir, pensar y actuar en armonía.

Hace un tiempo hablaba en un taller de las tensiones y los conflictos que pueden existir entre nuestros distintos aspectos (esto es, entre nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros comportamientos), y afirmaba que la armonía no consiste necesariamente en que dichos aspectos estén de acuerdo (cosa que muchas veces no ocurre), sino en respetar a cada uno, tolerar sus discrepancias y conducirlos de acuerdo a los dictados de nuestra alma, nuestras necesidades, nuestros valores o nuestras metas.
No había terminado de transmitir esta idea cuando una participante, algo indignada, comentó: “¿Cómo no tratar de que estén de acuerdo? Yo aprendí que hay que buscar concordancia entre lo que uno siente, lo que uno piensa y lo que uno hace. ¡¿Cómo puede haber armonía de otra manera?!”.
“Bueno −le respondí−, cuando existe esa concordancia nos sentimos muy bien y pienso que todos tratamos de encontrarla, pero la cuestión es que muchas veces, por más que lo intentemos, no lo logramos. Frecu…

Encarnar las enseñanzas

Hace un tiempo, mi hija estuvo en un Monasterio de Nepal participando en cursos de budismo tibetano. Me contó que había tenido una muy buena experiencia; yo la noté transformada y, por primera vez, abierta a una tradición espiritual. Eso me llevó a querer conocer algo de dicha tradición.
Ella me comentó que en el Monasterio le habían dicho que había una monja que se había formado allí durante muchos años y que actualmente coordinaba grupos en Buenos Aires. Decidí contactarme con ella y le envié un mail. Me respondió amablemente sugiriendo que la llamara por teléfono y, para mi sorpresa, tuvimos una larga conversación telefónica.
Me preguntó cómo la había ubicado, y le conté la historia que ella escuchó con atención. Luego me informó que su Centro era muy pequeño y que tenía muchas dificultades para difundir  sus actividades aquí, por lo que tenía poca concurrencia. Me dijo también que en este país a la gente le cuesta mucho comprometerse, tener continuidad y disciplina. Agregó que le co…

¿Es mejor tener muchas o pocas expectativas?

Hace un tiempo alguien me preguntó: “¿Cómo es la cuestión de las expectativas? Algunos caminos psicológicos y espirituales sostienen que es mejor tener pocas expectativas, porque ellas llevan al apego emocional y a la frustración. Mientras tanto, otros caminos sugieren que seamos optimistas y esperemos que ocurra lo mejor, ya que las actitudes positivas favorecen los buenos resultados”.
Mi respuesta fue la siguiente: “Me parece que no siempre es adecuado tener bajas expectativas, como tampoco es apropiado tener siempre expectativas muy altas. Pienso que lo más conveniente es regular las expectativas de acuerdo con las circunstancias y con nuestra personalidad
Desde mi punto de vista, dichas formulaciones generales sobre las expectativas no son verdades universales. Son solo una guía útil, pero es necesario considerar cada situación en particular.
En relación con las circunstancias, podemos preguntarnos cuáles son las posibilidades de que ocurra lo que esperamos. Aunque la respuesta sol…

Kupono: Método de sanación emocional

En el sistema Huna existen diversos métodos para la sanación física, emocional, mental y espiritual. Entre ellos existe uno llamado Kupono,  particularmente efectivo para sanar las emociones, que aprendí de mi maestro, Serge Kahili King.
A su vez, hay varias técnicas de Kupono que se utilizan para distintas finalidades, tales como: aquietar emociones, sanar dolores y heridas emocionales, modificar reacciones automáticas, liberar memorias indeseadas y armonizar conflictos emocionales.
Aquí voy a transmitir una de las técnicas del Kupono, que es útil para aquietar emociones demasiado intensas o perturbadoras.  Esta técnica consiste, sintéticamente, en enfocar la atención en la situación que nos desbalanceó, detectar en qué parte del cuerpo sentimos la emoción o la perturbación y liberar el exceso de energía (la tensión) con ayuda de la respiración.
1) Siéntate cómodo/a, cierra los ojos, toma unas cuantas respiraciones profundas y relaja el cuerpo. 2)Piensa por unos segundos en la situació…