jueves, 19 de julio de 2012

Una ensalada griega

En casa, yo preparaba la ensalada griega (que lleva queso, tomate, pepino, cebolla morada y aceitunas negras) con rodajas muy finas de pepino.
Hace poco tuve la dicha de pasar unas vacaciones en Grecia, con un grupo de gente interesada en la historia, la cultura y también en la comida de ese país.
Allí pude disfrutar de esta deliciosa ensalada. A diferencia de lo que yo hacía, los griegos cortan el pepino en trozos y no en rodajas finas. Esto cambia mucho su textura y humedad, e incluso su sabor. La convierte en una ensalada "crocante" y más sabrosa, con más cuerpo. Nunca hubiera imaginado que la forma de cortar una hortaliza pudiera producir tanta diferencia al paladar. 

Esta experiencia me recordó que, a veces, una pequeña diferencia puede llevar a un gran cambio.


En los lugares en donde comimos, servían tres o cuatro aceitunas por porción. Algunos de mis compañeros de viaje hacían bromas porque decían que en el país de los olivos "se escatiman las aceitunas". Como yo la disfrutaba tanto, no me importaba esta cuestión.
Sin embargo, de regreso en Buenos Aires, para experimentar, decidí incorporar cinco o seis aceitunas por plato. Para mi sorpresa, esta cantidad resultó excesiva, ya que le quitó frescura y liviandad y quebró el balance y armonía de sabores.

Advertí aquí dos reconocidas verdades: no siempre "más" es "mejor"; y que con frecuencia nos apresuramos a sacar conclusiones desafortunadas sobre las costumbres de los demás, tomando por cierto algo que en realidad no lo es.

(Dicho sea de paso, fue el griego Sócrates quien dedicó su vida a demostrar la diferencia entre opinión y conocimiento y a alentar a la gente a que revisara sus opiniones a través de la reflexión, el razonamiento, la observación y la constatación de los hechos).

Así que ahora, cada vez que como ensalada griega, renuevo y refuerzo el propósito que tengo desde hace mucho tiempo: revisar mis opiniones apresuradas, valorar los pequeños cambios (tanto propios como ajenos), y balancear mi vida lo más posible, para que su sabor sea apetecible.

domingo, 8 de julio de 2012

Exigencias de viaje

El espíritu de Aloha, propio del Huna de la Polinesia, propicia el agradecimiento, la valoración, la colaboración, el respeto y el cuidado en la relación con uno mismo, los demás, el medio ambiente y las circunstancias.

Una partida

La madre la acompañó al Aeropuerto de Ezeiza. Había contratado el seguro de viaje de su hija, trasladado la gatita a su casa para cuidarla durante su ausencia, combinado día y hora con el plomero para reparar el caño de la cocina de su hija, y algunas cosas más. 
Como tenía un compromiso esa mañana, sólo podía ir con ella hasta la puerta de la terminal, pero no esperar a que embarcara.
Se despidieron con premura y calidez. La madre le indicó al chófer la dirección donde debía ir. Llegarían a tiempo.
Unos minutos después, escucha su celular:
- "mamá, tenés que volver YA! -entre enojada y desesperada- te llamé diez veces ! qué pasa que no me atendías???
- ¿¿¿Qué pasó??? -pregunta la madre.
- El avión no sale de Ezeiza, sale de Aeroparque. No se que me pasó, soy una bo... me confundí. Me dijeron que voy a PERDER EL VUELO, que no llego a tiempo para el check-in en Aeroparque !! VENI YA, no se qué hacer !!! Te llamé diez veces y no me atendías !!!
- Lo siento, no escuché el celular. Voy para allá. Quedate tranquila, vas a llegar a tiempo (la madre consulta con el chófer del taxi). El chófer dice que llegas.
- Te llamaba y llamaba y me empecé a desesperar porque no contestabas, qué pasó? No tenía pesos para tomar un taxi, sólo Reales !
- no sé, no escuché el teléfono, ... estaba bajo el volumen... voy para allá, llego en diez minutos.
Diez minutos después, la hija llorando sube al auto. Vuelve a contar que le dijeron que perdería el vuelo, que llamó y llamó...
El chófer tomó la cuestión en sus manos, con mucha pericia esquivó el tráfico, aceleró cuando podía y tomó algunos atajos.
Llegaron 40 minutos antes de la partida del avión, ya no había nadie en los mostradores de la aerolínea, pero la hija, más calmada, localizó una pequeña oficina lateral, donde finalmente pudo realizar el check-in.
Horas después, la hija envía un mensaje de texto: "Llegué a Florianópolis... creo que tenés que arreglar el sonido del celu"...

A la madre le hubiera gustado un poco más de agradecimiento...

Un vuelo

"Señores pasajeros, bienvenidos a bordo. Por favor, abrochen sus cinturones de seguridad, traben sus mesitas y enderecen sus asientos. Durante el despegue y el aterrizaje no está permitido utilizar celulares ni aparatos electrónicos. Que disfruten el vuelo".
- Señor, por favor, abroche su cinturón de seguridad -le pide un auxiliar de vuelo a un pasajero.
- Señora, por favor enderece el respaldo de su asiento -otro auxiliar a otro pasajero.
- Señora, por favor trabe su mesita.
- Señor, por favor apague su computadora
Tres horas después comienzan las turbulencias.
"Señores pasajeros, el comandante ha encendido el aviso de abrochar los cinturones. Estamos atravesando una zona de turbulencias, les rogamos permanecer sentados con los cinturones de seguridad abrochados hasta que el comandante apague la señal".
- Señor, por favor, regrese inmediatamente a su asiento.
- Señora, por favor, vuelva a su asiento inmediatamente.
Cuatro horas más tarde: "Les informamos que hemos comenzado el descenso. A partir de este momento deben permanecer sentados, con los cinturones ajustados, hasta tanto el avión se haya detenido totalmente y el comandante apague la señal".
El avión aterriza y sigue carreteando:
- Señores, por favor, permanezcan en sus asientos, el comandante no ha apagado la señal.
- Señores por favor, por su seguridad, no se levanten hasta que el avión se haya detenido totalmente.
Los pasajeros descienden. Mientras se dirigen a inmigraciones, una persona le dice a otra:
- "El vuelo, bien, pero los auxiliares de vuelo medio antipáticos, no?. Ni media sonrisa!

A los auxiliares de vuelo les hubiera gustado un poco más de cooperación y reconocimiento de su labor.

Una llegada

Larga fila para inmigraciones, de pasajeros de varios vuelos.
Se escucha a un señor decir a otro que se adelantaba en la fila: "Hey... HAY QUE HACER LA FILA, no vale colarse!!!... qué vivo!!!". Varios vociferan y protestan al "colado" y le piden, infructuosamente, que haga la cola como es debido.
En otro lugar de la fila, dos personas comentan: "después de todo este viaje, esta espera es un calvario".

Se escuchó a otra persona decir: un calvario de privilegiados.

Aloha!!

Lic. Eugenia Lerner

martes, 3 de julio de 2012

Piedrita marina

Hace poco caminé por una playa en la que había diversos cúmulos de piedritas marinas desparramados en la arena. Como estas piedras me gustan mucho, me quedé allí un largo rato, contemplándolas, tocándolas, admirándolas y pensando que podría llevar alguna, como recuerdo de ese lugar.
Seleccioné algunas y las llevaba en mis manos, cuando de pronto sentí que no, que esas piedritas no eran para mi, que debía dejarlas y las solté.

Esa noche tuve un sueño muy especial, en donde hacía algo que podría haber sido complicado y doloroso, con facilidad, placer y tranquilidad. Me pareció un sueño significativo, porque suelo poner más energía y esfuerzo del necesario en algunas cosas. Sentí que el sueño traía el deseo y la experiencia de una nueva etapa, en la que podría regular mejor el esfuerzo al hacer las cosas. Tomé consciencia de este deseo y lo convertí en una intención.

A la mañana siguiente volví a la playa. Ya no pensaba en llevar una piedrita. Pero a los pocos pasos, una piedrita gris con forma de “huevo” atrajo mi atención y “me llamó”. La tomé en mis manos e inmediatamente supe que “era la indicada”, que podía llevarla.
Unos minutos después me di cuenta que el huevo representaba el nacimiento de algo, el comienzo de esta etapa “de esfuerzo sin esfuerzo” (del Wu wei, al decir de los taoistas).
Lo celebro.